El absurdo reina y el amor te salva de ello.

                                        Albert Camus.


 “Albert Camus no es un padre, pero mi padre es Albert Camus”. 

Así comienza el libro Albert Camus. Solitario y Solidario publicado por su hija Catherine en Francia en 2010, con motivo  del cincuenta aniversario de la muerte de su padre, que aparece ahora traducido en una estupenda edición en castellano y que no podemos dejar de recomendaros.

  El libro incluye una cuidadosa selección de textos, documentos inéditos, manuscritos y fotografías, con los que Catherine Camus, con la delicadeza y la discreta complicidad de quien nos invita a compartir las intimidades de un valioso álbum familiar, nos muestra el apasionante y apasionado recorrido vital e intelectual de uno de los autores imprescindibles del siglo XX.

           Fue Hannah Arendt quien calificó a Camus como “el mejor hombre de Francia”. Con el eterno cigarrillo entre los labios y su gabardina estilo Humphrey Bogart, este pied noir argelino de humilde origen menorquín que conquistó el premio Nobel, humanista y forjador de mitos, héroe de la resistencia francesa, defensor incansable de los exiliados españoles, se convirtió en el icono del París existencialista de los cafés del boulevard Saint Germain. Pronto, sin embargo, se distanció del existencialismo y de cierta retórica ideológica de la izquierda estalinista francesa, liderada por J.P. Sartre y Simone de Beauvoir, para continuar su propio camino: solitario y solidario. La voluntad creadora, dice Camus, no debe estar nunca al servicio de posiciones ideológicas que cercenan las fuerzas de la naturaleza, de la pasión y de la vida.

           Frente al mundo que le tocó vivir, desencantado por la tragedia de las dos guerras mundiales, el horror de la bomba atómica --la civilización mecánica, dice, ha alcanzado el máximo de barbarie-- y polarizado después en los bloques ideológicos de la guerra fría, Camus propone una profunda reflexión acerca de la condición humana. Más allá de la inocencia, su obra nos invita a pensar un mundo complejo, una existencia trágica, pero donde todavía alienta la pasión por el ser humano, por la voluntad de ser y la alegría de vivir, por la rebeldía frente al absurdo de la existencia, por el asombro griego ante la naturaleza frente al destino inexorable  que nos aguarda tras los acontecimientos de la historia. “Nosotros hemos desterrado la belleza, dice Camus emocionado, los griegos empuñaron las armas por ella”.

           Fiel a la tradición de los clásicos griegos y lejos de la filosofía especulativa abstracta, racional, hegeliana, más fría y nórdica, Camus intenta desarrollar una filosofía del sur, de rostro humano, una filosofía de la mesura y del equilibrio, Némesis, una cosmovisión mediterránea. El mundo mediterráneo, el mar, el sol, las playas de Argelia, la sombra silenciosa y aristocrática de los olivos, la urgencia de la luz que todo lo fecunda, la presencia contundente del mundo femenino...son los referentes esenciales de la ética y la estética de Camus. También el barrio pobre de Belcourt, donde transcurrió su infancia en Argel, argumento de El primer hombre, la novela inacabada, su libro más emocionante y testimonial, donde se encontró cara a cara con la miseria y con la solidaridad que esta, a veces, es capaz de engendrar. Los pobres no tienen historia, dice Camus, solo  el cielo abierto y la miseria, por eso cada hombre está destinado a ser siempre el primer hombre...

             La inhumanidad de su tiempo le hizo volver los ojos hacia los otros hombres y afirmar, con valentía, que en el ser humano hay más cosas admirables que despreciables, y que no es posible gozar de la vida sin la presencia de los demás. Nos enseñó que las ideas no tienen ningún valor si no se funden con las energías de la tierra y de la vida, que la búsqueda de la verdad es una condición irrenunciable, que las buenas ideas, las utopías que hipotecan el presente en nombre de un futuro más amable, nunca pueden ser el argumento para justificar la injusticia y el crimen, que la bondad es, en definitiva, el último avatar de la inteligencia, el más misterioso, y que es en la amistad, ese terco deseo de transparencia, decía, donde se hace posible la libertad.

           Los libros de Camus siguen vendiéndose por millones. Sin embargo, no creó escuela y no dejó ningún testamento. Nos dejó, eso sí, un testimonio muy valioso  del combate del hombre con la vida, que le hace oscilar entre la rebeldía y el absurdo, entre la desesperación y la alegría, entre la contemplación de la belleza y la presencia del dolor y de la muerte...

          Lean a Camus. Se sentirán menos solos. Apuesto a que pensarán: este tío es de los nuestros. Si lo disfrutan, vengan a La Biblioteca de Babel y brindaremos con una copa de buen vino mediterráneo con Albert y Catherine Camus, para celebrar la luz, la cadencia del mar, la prodigiosa línea del horizonte....


Martín de Babel.

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