Llamo clásicos a los que aún no hacen de la literatura un oficio.

 

                                                                                               J.Renanrd

 

 

Ser escritor es hacerse un tesoro en el reino de las maravillas.

 

                                                                    M. Wiesenthal

                

           

 

      Nos vamos de viaje, amigosUn viaje a través de las viejas canciones, de los lujosos salones de los transatlánticos, de la soledad mística de los caminos, de las atmósferas cargadas de humo y de humanidad de las tabernas… Acomódense en sus asientos y disfruten del libro que les queremos recomendar: Siguiendo mi camino del gran Mauricio Wiesenthal.  Después de su esplendida trilogía europea: Libro de réquiems, El esnobismo de las golondrinas y Luz de Visperas, M.W. nos sorprende ahora con este libro delicioso e inclasificable. Publicado por ediciones El acantilado, la estupenda editorial que dirige con criterio sabio Jaume Vallcorba, Siguiendo mi camino es un libro de memorias donde se van desgranando los acontecimientos importantes de la vida del autor a partir de un puñado de viejas canciones. De la música francesa de los años 60 al Djelem Djelem de los gitanos, pasando por Lili Marleen, el tango o el Blue Hawaii de Elvis Presley, el libro recorre paisajes y atraviesa fronteras, visita la geografía emocionada de la memoria como en un road movie sentimental, irónico, tierno, emocionante y desenfadado, a veces con la voz templada y  redonda de un tenor italiano, y otras, fraseando las estrofas con la garganta rota y rasgada de un bluesman empapado de melancolía, como si M.W., en este libro, hubiera querido echarse a la calle con su orquesta bohemia de zíngaros para escribir la banda sonora de su vida, con el ritmo y la tensión trepidante del Hurricane de Bob Dylan

 

    La presencia de las viejas canciones, como en la obra de Proust la presencia de los sabores y los aromas, provoca en el autor el deseo de lanzarse a la búsqueda de todas aquellas experiencias que merecen ser rescatadas del fango del tiempo y del olvido. Escuchar una vez más las viejas melodías evoca el recuerdo, desata los resortes de la memoria, pero también la intensidad de las emociones. Las canciones nos inundan de ritmo y de emoción, nos mueven, nos renuevan y nos conmueven. Mauricio Wiesenthal escribe siempre desde la intensidad de la emoción, es una literatura a flor de piel, que busca compartir la experiencia del estremecimiento, el placer vivificador de los sentimientos…

 

      Las viejas canciones siempre cuentan historias y cuando las reconocemos y necesitamos tararearlas es porque cuentan, de algún modo, la historia de nuestra propia vida. Toda la obra de M.W. responde a esta necesidad de contar historias. “Dios creó al hombre para que pudiese narrar historias”, cuenta una antigua parábola judía.

 

    Pero Siguiendo mi camino es sobre todo la historia de un viaje de iniciación, de un camino iniciático. El sentido de la música, al final, no es otro que el que nos inicia en la vía de la lujuria espiritual, en la sencillez del pensamiento, en la escucha atenta de los sonidos del silencio. Es el camino de los misterios de Dionisos, del vino sagrado de los poetas, del misterio que esconden las madonnas que pintaron los grandes maestros renacentistas, del orgullo de la bohemia, de los ángeles de Rilke, de la rebeldía de Camus

 

Lean a Wiesenthal, amigos. Promete todas las emociones menos el aburrimiento. Emprendan este viaje y desoigan durante unas horas los ditirambos calvinistas de los cenizos de Bruselas. Escuchen las viejas canciones que todavía habitan en su corazón. A Mauricio como a Sant Jordi le gusta exorcizar dragones.  Porque, como dejo escrito María Zambrano, no se trata de ir de lo posible a lo real si no de lo imposible a lo verdadero.   

 

 

 

  Martín de Babel

 

 

 


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